¡Que fácil es echar un polvo ahora!. ¡Y que difícil es que sean dos!. O que incluso siendo muchos, la persona con la que follas , acabe entregándote un cachito de su alma, o sea de su historia personal, de aquellas contingencias que sólo ella sabe lo importante que fueron. Nos hemos vuelto avaros, recelosos en la entrega. Tantas facilidades para el folleteo ha acabado convirtiendo el sexo en algo más para “usar y tirar”. Usar y tirar…. En el BDSM se dice que el Amo “usa” a la sumisa, quien, frecuentemente se muestra orgullosa de “haber sido usada” por su Amo. Una poética forma enrevesada y supuestamente transgresora de ocultar la verdad: mucha entrega fingida, buena teatralización para un drama inconcluso: la verdadera entrega del Amor. En cuanto a tirarse a alguien, ya sabemos lo que significa: una antigua expresión machista, ahora muy común en las mujeres, para indicar “que te acostaste con alguien pero que, a Dios gracias, no pasaste de eso”.
Banalizar el sexo es uno de los más graves pecados que ha cometido nuestra cultura de consumo. Porque lo que se banaliza pierde valor, y, a base de perder valor…acaba perdiendo sentido. El sexo es Sagrado. Sagrado porque mantuvo viva la especie. Y Sagrado porque además, es la puerta de entrada a lo más genuinamente humano que tenemos: la entrega egoísta a otro ser de la misma especie. ¡Que pena que tantas y tantos tontos y tontas se acojonen tanto ante la posibilidad de sentirse abducidos por alguien, ante el verdadero….sexo sentido!. Y que tontas las excusas, siempre adornadas de una racionalidad protectora: Que si no era el momento apropiado, que si no eres la persona apropiada, que si no es la prioridad….¡Como si eso pudiese programarse para las horas libres y las vacaciones!. Miedo a lo que no se debe temer….porque lo verdaderamente pavoroso es no saber, no poder o no querer amar a quien te Ama. Ese si es el infierno. Amar o haber amado a quien no te corresponde…es simplemente una pena, pero te hace mejor, más humano, mas vivo, más lúcido. Y además mantiene viva la esperanza: algún día llegará quien se merezca tu vida entera.









