¿Qué le pasa al probe miguel?

“¿Qué le pasa al probe miguel?” se empeñaba en preguntar la voz cantarina de aquella marchosa viejita trianera durante aquellas navidades gloriosas. Y mientras el resto del asilo rockero intentaba responder tamaño misterio por la atronadora radio, él daba golpes de martillo tratando de meter derechos los clavos que previamente había sacado torcidos de aquella pieza de madera convenientemente delimitada a golpe de serrucho y sierra circular, lo que había deparado una orgía de serrín que invadía hasta el último rincón de aquel pequeño apartamento recién alquilado. El estaba construyendo su potro de tortura, y ella llegó unos días después para instalarse definitivamente en su vida, con la intención de ser sometida a toda clase de sevicias, potro incluido. Días en los que bastaba volver del cine para arrojarla sobre la cama y arrancarle el vestido de un manotazo, como en la más tópica pasión “made in Hollywood, coito anal incluido, como en la más típica escena porno rodada en California. Días en los que hacer 300 kilómetros entre la niebla en un vetusto coche se convertía en la más maravillosa de las excursiones. Días en los que se follaba como descosíos, a todas horas, noches en las que se follaba como perros, a todas horas. Y entre polvo y polvo conversaciones, más bien monólogos, en los que él le contaba a ella su vida pasada, su vida presente, su vida futura, y ella lo miraba con ojazos de niña pícara, con carita de mucho interés y con ganas de que acabara aquel rollo y que volviera a cepillársela.
Luego vino la vida y se llevó lo sueños. Pero como dijo el barquero, la vida es toda un sueño y las niñas bonitas no pagan dinero. Así que ella se puso a añorar aquella quimera, y él la siguió en silencio, mirando de reojo su marchitar. Y ella se soñó con otros crueles amos, despóticos seres que sustituyesen aquel angelito en que se había convertido él. Luego ambos siguieron soñando en habitaciones separadas, para, más tarde, hacerlo en edificios divorciados. Ambos intentaron volver a los gloriosos tiempos en los que el probe Miguel se había convertido en ermitaño, y hacía tanto tiempo que no bajaba de la montaña, pero los actores de aquellas nuevos culebrones eran unos pésimos interpretes , por lo que los sueños acabaron convertidos en pesadillas. Y fue de nuevo el dolor lo que acabó uniéndolos, no el dolor de la fusta, ni el lacerante ardor del látigo, sino el dolor del alma. Y como la vida no es un sueño, por mucho que lo dijera el tío del caldero, el dolor los revisita de vez en cuando, recordando el paraíso perdido, la arcadia lejana en la que el probe miguel se debatía entre tomarse un cafetito, o beberse un vinito pero sin bajar de la montaña, que hace mucho tiempo que no sale.
Marzo 9, 2009 a 5:41 am
Por fin puedo acceder a este blog. enlazado al mio y que esta entre mis preferencias…..
Mis respetos Amo, y un deleite para la imaginacion de esta kajira…
Desde Gor…..
Marzo 16, 2009 a 10:00 pm
Sí, llegó la vida, y se llevó los sueños
Marzo 16, 2009 a 10:03 pm
A veces Zan, la vida de verdad es mejor que los sueños…y los que sueñan demasiado, van dormidos por la vida.
Marzo 17, 2009 a 1:29 pm
A vida tiene sus reglas y la rutina ataca a todos. Pero es que la vida es rutina y nos han enseñado que es lo contrario.
Determinadas cosas, no pueden mantenerse y hay dias para todo.Quizas el probre Miguel fallo en algo, hablo demasiado y no escucho.
Marzo 17, 2009 a 9:50 pm
Con gusto vuelvo a leer, y sus palabras en verdad hacen despertar de los sueños pero es verdad, no podemos vivir de ellos, es muy bonito soñar aunque el despertar sea una gran pesadilla.
Siempre es un placer visitar su pagina.
Septiembre 28, 2009 a 4:28 pm
Muy bueno.