Archivos para Marzo, 2009

Perdida y abandonada

Publicado en Cuentos y relatos el Marzo 18, 2009 por Amo Masterdom

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A ella le gustaba seguir a su Amo a todas partes. Siempre unos pasos detrás. Siempre pequeña,  oteando el desplante del  esbelto cuerpo de su  Propietario desde el contrapicado a que su escasa altura la obligaba.  A ella le gustaba recorrer el mundo detrás de su Dueño, siempre con la pequeña placa dorada con la inscripción que la identificaba, seguirlo allá donde fuera, ya que no por otra razón había dejado la cálida tranquilidad de lo conocido para aventurarse en el nuevo mundo del sinvivir a su servicio. Y así transcurrió su vida, feliz siguiendo a su viajero Señor por estaciones de tren, hoteles, aeropuertos, taxis… Y a cualquier hora, ya fuera las cinco de la mañana o mediodía, ella podía ser requerida a abrirse para él. Y Él la penetraba con infinidad de  cosas, hasta colmarla y hacerla sentir ahíta, llena, completa. A veces, una vez penetrada con los más inverosímiles objetos, él se sentaba sobre su cuerpo, oprimiéndola con su masculino peso, casi hasta no dejarla respirar. Y ella sentía su calor y hacía crecer el suyo desde el último rincón de su cuerpo. Así transcurría la vida de aquella pequeña sierva, feliz en su mínima expresión errante, hasta que un día Él la abandonó en aquel extraño lugar. Y ella se pregunto una y mil veces porqué.  Y siguió añorándolo, llorando desconsolada, echando de menos a Aquel al que había seguido como una fiel mascota en los últimos dos años. Pobre maleta perdida, en un anónimo aeropuerto, de un desconocido país por una incompetente línea aérea…

¿Qué le pasa al probe miguel?

Publicado en Cuentos y relatos el Marzo 9, 2009 por Amo Masterdom

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“¿Qué le pasa al probe miguel?” se empeñaba en preguntar la voz cantarina de aquella marchosa viejita trianera  durante aquellas navidades gloriosas. Y mientras el resto del asilo rockero intentaba responder tamaño misterio por la atronadora radio, él daba golpes de martillo tratando de meter derechos los clavos que previamente había sacado torcidos de  aquella pieza de madera convenientemente delimitada a golpe de serrucho y sierra circular, lo que había deparado una orgía de serrín que invadía hasta el último  rincón de aquel pequeño apartamento recién alquilado. El estaba construyendo su potro de tortura, y ella llegó unos días después para instalarse definitivamente en su vida, con la intención de ser sometida a toda clase de sevicias, potro incluido.  Días en los que bastaba volver del cine para arrojarla sobre la cama y arrancarle el vestido de un manotazo, como en la más tópica pasión “made in Hollywood, coito anal incluido, como en la más típica escena porno rodada en California. Días en los que hacer 300 kilómetros entre la niebla en un vetusto coche se convertía en la más maravillosa de las excursiones. Días en los que se follaba como descosíos, a todas horas, noches en las que se follaba como perros, a todas horas. Y entre polvo y polvo conversaciones, más bien monólogos, en los que él le contaba a ella su vida pasada, su vida presente, su vida futura, y ella lo miraba con ojazos de niña pícara, con carita de mucho interés y con ganas de que acabara aquel rollo y que volviera a cepillársela.

Luego vino la vida y se llevó lo sueños. Pero como dijo el barquero, la vida es toda un sueño y las niñas bonitas no pagan dinero. Así que ella se puso a añorar aquella  quimera, y él la siguió en silencio, mirando de reojo su marchitar. Y ella se soñó con otros crueles amos, despóticos seres que sustituyesen aquel angelito en que se había convertido él. Luego ambos siguieron soñando en habitaciones separadas, para, más tarde, hacerlo en edificios divorciados.  Ambos intentaron volver a los gloriosos tiempos en los que el probe Miguel se había convertido en ermitaño, y hacía tanto tiempo que no bajaba de la montaña, pero los actores de aquellas nuevos culebrones eran unos pésimos interpretes , por lo que los sueños acabaron convertidos en pesadillas.  Y fue de nuevo el dolor lo que acabó uniéndolos, no el dolor de la fusta, ni el lacerante ardor del látigo, sino el dolor del alma. Y como la vida no es un sueño, por mucho que lo dijera el tío del caldero, el dolor los revisita de vez en cuando, recordando el paraíso perdido, la arcadia lejana en la que el probe miguel se debatía entre tomarse un cafetito, o beberse un vinito pero sin bajar de la montaña, que hace mucho tiempo que no sale.