Chocolate y vainilla

La sumisa se desnuda frente al Amo, colocando lentamente cada prenda perfectamente doblada en la silla cercana. Cuando ha acabado retrasa ligeramente su cuerpo dos pasos, separa sus pies y se lleva las manos a la espalda, sujetando la muñeca derecha con la mano izquierda. La mirada al suelo y espera. Espera un minuto, dos, tres, cinco….hasta un cuarto de hora. Oye al Amo moverse por la habitación, salir de ella, mover objetos, abrir paquetes, volver…, pero ella sigue con la mirada fija en el suelo. Luego, el collar en su cuello, la venda en sus ojos… y una nueva espera. Otra espera interminable. El miedo, el deseo, la expectación la subyugan, acelerando progresivamente su respirar.

Hasta que la voz del Amo acaba con el omnipresente silencio.

-Ven-le dice tirando suavemente del collar- tiéndete aquí, bocarriba.

Y ella obediente a sus palabras coloca su espalda sobre aquella dura superficie, dejando su cuerpo laxo, a merced de las órdenes motoras de las manos de su Amo. Manos que mueven sus piernas, separando las rodillas. Manos que atan sus piernas, dejándolas abiertas, el sexo ofrecido. Manos que colocan dos pinzas unidas por una cadena, cada una de ellas en un pezón, produciéndole un pellizco doloroso e intenso. Y de nuevo la espera. Espera que es interrumpida por un no muy intenso azote en su sexo que la hace estremecer. Azote que va seguido de otra serie arrítmica, impredecible el momento en que llegará el siguiente. Y entremezclados con los azotes, la caricia de sus manos, la caricia de su lengua, la repentina y honda penetración de su cuerpo por el consolador que vibra. Y de nuevo los azotes. Y de nuevo la caricia oral muda, acompañada de un fuerte tirón de la cadena que hace estremecer a sus pezones. Y de nuevo la caricia oral de sus palabras:

-¡Avísame si vas a correrte!

Y siguen los azotes, el breve cunnilingus, los tirapezones, el acariciar de sus templadas manos recorriendo su sexo. Y ella protesta…¡Amo…que me corro! Una, dos tres, cuatro, no sabe cuántas, veces. Cada una de dichas ocasiones interrumpidas, pequeños intermedios que la hacen bajar ligeramente del paroxismo para volver a recuperarlo de inmediato. Dolor y placer entremezclados. Dulces torturas, crueles caricias inacabadas.

Finalmente, el Amo la hace suya, la penetra. Y entre espasmos de placer, atada, poseída…la caricia final que sale de su boca:

-¡Eres mía, mi puta, mi animalito, mi esclava, mi juguete!

Una respuesta para “Chocolate y vainilla”

  1. Tienes una forma de escribir muy llamativa, atrapante como pocas veces tuve el placer de leer.

    El relato… magistral. Mis felicitaciones y agradecimientos por la bella literatura que espero continúe :)

    Mis más cordiales saludos.

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