Archivos para Junio, 2008

Mando a distancia (I): el huevo vibrador

Publicado en Cuentos y relatos con etiquetas , , , , el Junio 23, 2008 por Amo Masterdom

-¡Ve ahora al cuarto de baño, quítate las bragas y métete esto! ordenó el Amo a su sumisa, con atiplada voz de flautista, cerrando sobre la mano de ella un pequeño objeto ovoide.

- Vale…respondió la comensal que lo acompañaba desde su altiva languidez, mientras que extendía la palma de su mano en toda su extensión, a la vez que dirigía sus inexpresivos ojos azules hacia aquel objeto que descansaba en ella.

_¿Vale?..¿te parece correcto decir vale? ¡Y cierra esa mano por Dios, que todo el mundo va a ver…!

- Bueno, vale….quise decir, ¡si Amo!…¿Dónde me lo meto, Seeeeñooooor?…

- ¡En el coño joder!..¡en el coño!

- ¿Desean más vino los señores? preguntó, mientras tanto, el camarero que, solícito, habría de acompañar a la musa de 1,80 hacia los lavabos de señoras una vez que había logrado endosar a su acompañante, con suma facilidad y sin oposición alguna por parte de éste, la segunda botella de aquel Ribera del Duero tan caro.

Transcurrieron cinco minutos hasta que la fémina volvió a tomar asiento.

- ¿ Y te sientas así, sin pedir permiso?

- Uyssss….perdón seeeeñooooorrr… dijo la enorme ninfa incorporándose de inmediato y colocando las cruzadas manos a sus espaldas, sobre sus respingonas posaderas.

- ¿Desea que la acompañe a alguna otra parte señora? respondió de inmediato el solícito con lasciva avidez en sus ojos.

- No se preocupe buen hombre es que…

- ¡Siéntate de una vez joder! ordenó de inmediato el aflautado con recia voz de sargento de caballería.

Tras los mejillones de roca calientes con picada deconstruida, hizo su aparición el shabu-shabu de hígado de rape con linquat de sésamo, momento en el que el Amo, con cara de estupor, preguntó a su sumisa:

- ¿No sientes nada?

- ¿Que tengo que sentir…seeeeeñooooor?

- La vibración…

- ¿La vibración?¿que vibración seeeeñooorrrr? ¿Dónde?

- ¡En el coño joder, en tu coño!

- Yo no noto nada seeeñoooorrrr…

Y entonces el solicito camarero observó con estupor cómo aquel cliente se incorporó de su asiento y, tras derramar la copa de vino sobre el mantel con una torpe maniobra, comenzó a hacer extraños movimientos con el brazo, convulsos temblores de arriba abajo y de delante a atrás, mientras aproximaba y alejaba aquel pequeño objeto a la entrepierna de la tía buena que lo acompañaba.

El mando se había quedado sin pilas.

La píldora del dia después

Publicado en Cuentos y relatos con etiquetas , , , , el Junio 20, 2008 por Amo Masterdom

¡Dios mío! ¡Han pasado ya tres días! ¡Y aún no me he tomado la píldora!. Un sudor frío recorrió su columna vertebral, una hilera de gotas de sudor semejantes a una columna de depredadoras hormigas bajando en busca de su subterráneo escondite. Tres días desde aquella noche loca de lujuria desenfrenada. ¡Y cómo me gusta hacerlo con esta persona!. ¡Cada día más!.

Sin esperar ni un segundo más, se levantó de un salto y se dirigió de inmediato al centro de salud más próximo, donde le atendió una oronda doctora que le mostró con toda impudicia esa expresión de felicidad cansina y aborregada, propia de todo funcionario del estado del bienestar que se precie:

-¿Cree usted que después de unas 80 horas hará efecto?

- No lo sé señor…está usted en el límite temporal. Hay muchas diferencias individuales, pero no puedo asegurarle el bloqueo total de la oxitocina.

-O sea: estoy jodido e igual me enamoro. ¡Y no es momento joder! ¡No es momento para enamorarme! ¡No quiero implicaciones afectivas ni compromisos! Además….ahora que se murió mi perro y puedo divertirme sin estar atado…¿Y si duplico la dosis?.

- No es cuestión de duplicar la dosis. Es cuestión de ser más consciente, de pensarlo mejor antes de hacer las cosas mal. Si quería usted disfrutar de una noche de sexo sano, sin implicaciones afectivas…¡haber tomado las debidas precauciones!. ¡Ahora no me venga con lamentos!

Habitación 2109

Publicado en Cuentos y relatos con etiquetas , , el Junio 19, 2008 por Amo Masterdom

Por segunda vez, Lucía iba a revivir su fantasía: entregarse a un desconocido que hiciera de ella lo que quisiera; ser, por un día, la esclava sexual de alguien de quien no supiera ni el nombre, ni su edad ni su aspecto físico. Sexo puro y duro, sin implicaciones emocionales. Sentirse físicamente poseída y mentalmente libre. Ya estuvo a punto de lograrlo la vez anterior, sólo que no fue perfecto: al final acabó solicitando a su cómplice que la dejara unos segundos con los ojos descubiertos, antes de colocarle la venda. Y claro, con el maldito cruce de miradas…¡todo acabó complicándose!: lo que ella quería que fuera una única sesión para vivir su fantasía, acabó convirtiéndose en un lío emocional que la hizo sufrir, sentirse con obligaciones, enfrentada a su propio egoísmo que tan poco le gustaba, a disgusto consigo misma. Pero desde el principio, aquel sujeto se empeñó en repetir, acortar los plazos entre sucesivos encuentros, contarle su vida -¡que charlatán era!-, comer con ella en la habitación del hotel…para acabar enamorándose de ella. ¡Joder..qué manía la de los tíos de quedarse a pasar la noche o la vida con una, después de uno o varios polvos satisfactorios!. ¡Qué puta obsesión la de los hombres por atarla con afectos en lugar de con cuerdas!

Pero esta vez iba a ser distinto, aunque el escenario fuera parecido. Esta vez había tomado sus “precauciones”: un Amo de una ciudad lejana que había accedido a tener una única sesión en un hotel de una ciudad cercana. Le había aclarado que podría usarla sexualmente como quisiera, había definido con precisión los límites del dolor, y le había sacado la promesa de no pretender continuar la historia más allá de esta única sesión.

En su móvil apareció un corto mensaje:”2109″ y Lucía se dirigió excitada, cargada de adrenalina, a dicha habitación, llamando a la puerta. Nada más abrirse ésta, se dirigió de inmediato al cuarto de baño sin levantar la mirada, mirando al suelo. Allí el corazón le latía impetuosamente, orgullosa de haber cumplido su deseo de no ver ni por asomo su rostro, sus ojos, su cuerpo. Así que se desnudó de inmediato y salió, con la venda en los ojos, andando a cuatro patas.

-¡Pero..¿qué hace señorita?! -la voz de una mujer mayor atravesó su cerebro -¡¿Qué demonios hace, si puede saberse?!. Y Lucía se quita las vendas y se enfrenta a aquella desconocida matrona de setenta y tantos años que viene a pasar unos días a la ciudad en donde vive su hijo, cuya casa no puede pisar por la mala puta de su nuera.

-¡Ya me ha dado plantón la hijaputa esta!- masculla para sí, en el otro extremo de la misma planta, ese pobre comercial, representante de la mejor pintura antibacteriana para hospitales. Allí, en la habitación 2019,  mientras recoge desesperado los látigos, las esposas, los consoladores, maldice de nuevo: ¡Todas son iguales,  malditas golfas! Para colmo, el móvil se quedó sin batería y olvidó el cargador…

La esclava perfecta

Publicado en Cuentos y relatos con etiquetas , , , , , el Junio 18, 2008 por Amo Masterdom

Bastaba un simple sms: “xpfgw-345-shgasut” y ella lo entendía todo. Por eso, al llegar a casa lo esperaría con el uniforme elegido, en la posición elegida, atenta siempre a satisfacer sus deseos.

Por eso, en el pequeño recorrido que había entre el garaje y su casa, en el ascensor, el Amo notaba ya la urgencia de su deseo entre sus piernas. Al traspasar la puerta de entrada allí estaba, tal como El había deseado: colocada a cuatro patas, su cara apoyada en el suelo, sus hermosas nalgas al descubierto, las medias sujetas a los tirantes adosados a aquel corsé de amplias caderas e imposible cintura de avispa.

Por eso, nada más traspasar la puerta de entrada, el Amo la poseía con urgencia, mientras ella se aplicaba con esmero en producir las precisas contracciones vaginales con el ritmo y cadencia justos, aquella armónica melodía corporal que tanto lo excitaba. Luego, el Amo desacoplaba sus cuerpos y se dirigía, sin mediar palabra, a sentarse en el sofá, mientras ella le seguía, andando a cuatro patas. Y allí comenzaba el que había de ser su último servicio sexual a su Amo, una felación imposible: la lengua vibrando a un ritmo endiablado, penetraciones profundas hasta alcanzar el comienzo de su garganta, succiones vigorosas.

- ¡Eleva la temperatura! ¡Haz más vacío! ¡Mueve más deprisa la cabeza! ¡Coloca la lengua de forma que roce el frenillo! Así……..siiiiiiii….

Finalmente, una vez satisfecho, el Amo le ordenaba que se fuese a su sitio y la esclava, solícita, se dirigía al interior de aquel armario, en donde permanecería encerrada el resto del día hasta que su Amo volviera a necesitarla. Eso si, no sin antes acordarse de conectar la recarga de sus baterías de selenio.

-¡Dios mío! -pensó su Amo una vez más- ¡es perfecta!. Me ha costado un riñón, pero mereció la pena.¡ Este modelo BDSM-325 es único!. ¡Y encima puede personalizarse al antojo!

Y el Amo sonrió recordando aquella primitiva época en que las sumisas eran mujeres de verdad. Época tenebrosa donde sumisas humanas, de carne y hueso pero también sin alma, partían el corazón de sus enamorados dueños.

Chocolate y vainilla

Publicado en Cuentos y relatos con etiquetas , , el Junio 17, 2008 por Amo Masterdom

La sumisa se desnuda frente al Amo, colocando lentamente cada prenda perfectamente doblada en la silla cercana. Cuando ha acabado retrasa ligeramente su cuerpo dos pasos, separa sus pies y se lleva las manos a la espalda, sujetando la muñeca derecha con la mano izquierda. La mirada al suelo y espera. Espera un minuto, dos, tres, cinco….hasta un cuarto de hora. Oye al Amo moverse por la habitación, salir de ella, mover objetos, abrir paquetes, volver…, pero ella sigue con la mirada fija en el suelo. Luego, el collar en su cuello, la venda en sus ojos… y una nueva espera. Otra espera interminable. El miedo, el deseo, la expectación la subyugan, acelerando progresivamente su respirar.

Hasta que la voz del Amo acaba con el omnipresente silencio.

-Ven-le dice tirando suavemente del collar- tiéndete aquí, bocarriba.

Y ella obediente a sus palabras coloca su espalda sobre aquella dura superficie, dejando su cuerpo laxo, a merced de las órdenes motoras de las manos de su Amo. Manos que mueven sus piernas, separando las rodillas. Manos que atan sus piernas, dejándolas abiertas, el sexo ofrecido. Manos que colocan dos pinzas unidas por una cadena, cada una de ellas en un pezón, produciéndole un pellizco doloroso e intenso. Y de nuevo la espera. Espera que es interrumpida por un no muy intenso azote en su sexo que la hace estremecer. Azote que va seguido de otra serie arrítmica, impredecible el momento en que llegará el siguiente. Y entremezclados con los azotes, la caricia de sus manos, la caricia de su lengua, la repentina y honda penetración de su cuerpo por el consolador que vibra. Y de nuevo los azotes. Y de nuevo la caricia oral muda, acompañada de un fuerte tirón de la cadena que hace estremecer a sus pezones. Y de nuevo la caricia oral de sus palabras:

-¡Avísame si vas a correrte!

Y siguen los azotes, el breve cunnilingus, los tirapezones, el acariciar de sus templadas manos recorriendo su sexo. Y ella protesta…¡Amo…que me corro! Una, dos tres, cuatro, no sabe cuántas, veces. Cada una de dichas ocasiones interrumpidas, pequeños intermedios que la hacen bajar ligeramente del paroxismo para volver a recuperarlo de inmediato. Dolor y placer entremezclados. Dulces torturas, crueles caricias inacabadas.

Finalmente, el Amo la hace suya, la penetra. Y entre espasmos de placer, atada, poseída…la caricia final que sale de su boca:

-¡Eres mía, mi puta, mi animalito, mi esclava, mi juguete!